La propuesta artística de Adrián Irisarri se articula en torno a una relación íntima con el imaginario de su localidad natal en Navarra. Bajo el título Dioramak, la obra apela a este formato para proponer un juego visual basado en la alteración de las proporciones de una escena o paisaje. En esta intervención, el pórtico de la iglesia, se transforma mediante la inserción de pequeñas maquetas que recrean paisajes y núcleos habitados por figuras humanas y animales.
A través de la alteración y el juego con las escalas, el artista opera un desplazamiento conceptual que abre una ventana a la ficción y a la fantasía en el espacio público. De este modo, se invita al espectador a un ejercicio de reducción perceptiva, proyectando su propia presencia en el interior de estos mundos minúsculos. El eje central de la instalación está articulado por una fotografía de gran formato que documenta el Palomar de la Taconera en Pamplona, un hito paisajístico local desaparecido en 2015. Esta dimensión ornitológica y vernácula se refuerza con la presencia oculta de pequeñas figuras de txantxangorris (petirrojos). Asimismo, el banco y la lona que cubre la estructura exenta presentan un patrón ornamental repetido; un diseño derivado de la abstracción progresiva y la depuración formal de un ave específica de la zona de residencia del autor. Por último, la pieza incorpora una estrategia recurrente en la trayectoria del artista: la inserción de su propio cuerpo como un personaje dentro de la diégesis creada. En esta ocasión, dicha autorreferencialidad performativa se materializa tanto en la imagen de la escalera como en la proyección visual que complementa la instalación.
Adrián Irisarri (Garinoain, Navarra, 2001). Artista plástico. Graduado en Bellas Artes por la EHU, realizó el máster en pintura en la misma facultad un año después. Su práctica gira en torno a la imagen y a la escenografía, tomando forma desde la interpretación del territorio propio, del afecto al mismo y de las ficciones que se accionan desde su construcción.